
Safari no significa jeep ni sabana: en swahili quiere decir viaje, y eso es exactamente lo que son. Unos ocurren en África y otros a dos horas de la Ciudad de México, en un lugar que lleva la palabra en el nombre: Africam Safari.
Tu equipo va a salir este año. Va a haber un off-site, un retiro o un viaje de cierre, y va a costar lo que cueste. La pregunta es si al terminar queda solo el recuerdo, o queda además un pedazo de bosque reforestado, una especie mejor documentada o un oficio que sigue vivo porque alguien lo pagó.
Eso es lo que cambia aquí: la naturaleza no es el escenario del viaje, es el motivo. Cada safari lleva inversión directa a un programa de conservación, de regeneración o de cultura, y tu equipo no lo mira desde la camioneta: lo hace.
Y sirve para lo que la empresa ya tiene que reportar. ESG son las siglas en inglés de ambiental, social y gobernanza: los criterios con los que hoy se mide a una empresa más allá de sus resultados. CSR es la responsabilidad social corporativa, el compromiso de devolverle algo al lugar donde se opera. Casi toda organización mediana ya tiene metas declaradas en las dos, y casi ninguna tiene con qué llenarlas que además le guste al equipo.
Un off-site que reforesta, un taller de fotografía que documenta fauna para un programa de conservación, una jornada de cultura que sostiene un oficio: son el mismo presupuesto de viaje, contado de otra manera y con evidencia que sí entra al reporte anual.



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